Comportamiento en frío y en caliente: cómo afectan las temperaturas extremas a las baterías de los vehículos eléctricos

Los vehículos eléctricos son fundamentales para un futuro más limpio y sostenible. Y para que su uso se generalice, es importante que se adapten a cualquier entorno y condición ambiental. Al fin y al cabo, ya sea a 25° C o -25° C, las emisiones del tubo de escape deben seguir siendo cero.

La autonomía es algo que suele preocupar a quien se plantea tener un vehículo eléctrico. Esa preocupación puede aumentar cuando llega el invierno y baja la temperatura. Es verdad que el frío afecta a la autonomía, pero recuerda que es algo temporal.  Además, si hacemos pequeños cambios en nuestra rutina podemos reducir ese impacto.

El frío altera las reacciones electroquímicas que ocurren en el interior de la batería de nuestro vehículo eléctrico y todo va más despacio. Esto hace que en invierno la carga pueda ser más lenta. Asegurarnos de que la batería está a temperaturas por encima del punto de congelación nos ayudará a evitar una deposición de litio metálico, que provocaría el envejecimiento y la degradación de su rendimiento. Sin embargo, la mayoría de vehículos eléctricos tienen sistemas para regular la temperatura y evitar altos voltajes si la batería está demasiado fría.

Un estudio de la American Automobile Association (AAA) reveló que la temperatura por sí sola puede reducir la autonomía en un 10-12 % y que si además utilizamos la climatización del vehículo, podríamos perder hasta un 41 %. Guardar y cargar nuestro vehículo eléctrico en un garaje con calefacción ayudará a que la batería supere mejor el frío del invierno y a que este se cargue mucho más rápido.

Otro acierto es precalentar el vehículo eléctrico mientras se carga. Así, la energía que emplee la calefacción para llegar a la temperatura deseada no vendrá de la batería, sino de la toma de corriente. Es un truco que además potencia la autonomía, porque se necesita menos energía para mantener una temperatura que para cambiarla.

Dicho lo cual, toca viajar al otro lado del termómetro.

La temperatura afecta en gran medida a la degradación de la batería, ya que altera las reacciones químicas que ocurren en su interior. Al igual que el frío ralentiza todo, las temperaturas altas pueden acelerar las reacciones y se pueden producir reacciones no deseadas que hagan que tu batería se degrade más rápido.

Guardar el vehículo en un lugar fresco, como un garaje, garantizará que la batería se mantenga en temperaturas óptimas. Aun así, como mencionamos antes, la mayoría de vehículos tienen un sistema de gestión de baterías que controla la temperatura y evita que la batería se cargue cuando está muy caliente. A algunas personas les preocupa que pueda ser peligroso utilizar su vehículo eléctrico en días de calor extremo debido a la batería. Por suerte, nada más lejos de la realidad. Los vehículos eléctricos son seguros haga el tiempo que haga, incluso en condiciones de calor extremo. Solo hay que enchufarlo, cargarlo y salir a la carretera.  

Un estudio señala que la autonomía puede disminuir hasta en un 17 % cuando utilizamos el aire acondicionado durante el trayecto. Como decíamos, la climatización y el preacondicionamiento son fundamentales para superar el frío extremo, y lo mismo ocurre con el calor.

En viajes largos, conducir a temperaturas más frescas siempre que sea posible puede potenciar la autonomía. Otros trucos son limitar el peso que cargamos en el vehículo y evitar aceleraciones y frenadas innecesarias.

Aunque está claro que las temperaturas extremas van a tener algún tipo de impacto en la batería de un vehículo eléctrico, hay muchas soluciones que reducirán este impacto y mejorarán la capacidad de la batería. Ningún vehículo es inmune a las condiciones climáticas extremas, ¡ni los de gasolina! Y con un poco de organización y pequeños cambios en nuestra rutina, el vehículo eléctrico va a tener un rendimiento óptimo, independientemente de la temperatura.

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